PAN EN LA DIETA…. ¿SI O NO?

 

A diferencia de lo que mucha gente piensa, el pan es un alimento que puede ser incluido perfectamente dentro de una alimentación saludable, incluso si nuestro objetivo es la pérdida de peso.

El problema es que hoy día, muchos de los panes que encontramos en el mercado (ya sean de barra, molde o en otro formato), están elaborados con harinas refinadas, contienen azúcares, y otros aditivos alimentarios innecesarios que no aportan ningún beneficio a nuestra salud.

Por ello, es importante saber elegir un buen pan, que nos proporcione todas las propiedades del cereal con el que esté elaborado y nos aleje de estos indeseables ingredientes…

PAUTAS PARA ELEGIR UN BUEN PAN:

Lo primero en lo que debemos fijarnos a la hora de elegir un pan es que se trate de un pan INTEGRAL. Y esto no es tan sencillo como mirar el color del pan o que simplemente lo ponga en el envase, ya que mucho de los panes de molde que se anuncian como “integral”, en realidad no lo son, sino que se trata de panes elaborados con una mezcla de harinas refinadas e integrales, o harinas refinadas a las que han añadido posteriormente salvado.

Del mismo modo, que un pan se anuncie como “multicereal” o “rico en fibra” no quiere decir que sea integral.

Por ello, para asegurarnos de que un pan es completamente integral, deberemos mirar el listado de ingredientes en su etiqueta, y fijarnos que el primero de los ingredientes que aparece sea “harina INTEGRAL de…”. Por el contrario, si en la lista de ingredientes aparece escrito por ejemplo: “harina de trigo, salvado de trigo…”, lo desecharemos.

(Ejemplo de pan NO integral a pesar de su aspecto)

El segundo requisito que debemos buscar en un pan es que no contenga azúcar añadido. Esto lo veremos también fácilmente mirando el listado de ingredientes.

 

DIFERENCIAS ENTRE EL PAN BLANCO Y EL PAN INTEGRAL:

Al contrario de lo que se suele creer, el pan integral no contiene menos calorías que el pan blanco, o al menos, no de forma significativa. Sin embargo, posee otras propiedades que lo hacen mucho más recomendable en la alimentación, estemos o no en un proceso de pérdida de peso:

  • Contiene más del doble de fibra que el pan blanco. Lo cual nos ayudará a sentirnos más saciados, evitar picos de glucosa en sangre, regular nuestro tránsito intestinal y otros muchos beneficios.
  • Posee más vitaminas y minerales. Especialmente, el pan integral es más rico en vitaminas del grupo B, potasio, fósforo, hierro y zinc que el pan blanco. Esto se debe a que gran parte de estos nutrientes se encuentran en la cubierta del cereal con el que está elaborado el pan, la cual se elimina en el proceso de refinado de las harinas con las que se elabora el pan blanco.

Además, debemos tener presente que el pan blanco, al contener harinas refinadas, eleva nuestros niveles de glucosa en sangre, lo cual dispara nuestra insulina y despierta nuestro apetito, nada recomendable si nuestro objetivo es la pérdida de peso o simplemente mantener una alimentación saludable.

Por ello, pan SI, pero sabiendo elegir el adecuado.

Thais Aranda
Dietista – Especialista en nutrición deportiva.

¿Por qué sienten el dolor de manera diferente hombres y mujeres?

El cómo percibamos el dolor depende de múltiples factores. Podemos hablar en términos generales pero cada persona es diferente y siempre existen individualidades.

 

Dolor

El dolor se define como una experiencia sensorial y emocional desagradable que se relaciona con un daño tisular (de los tejidos) real o potencial.

 

El dolor tiene tres componentes o sistemas principales:

  1. Sistema sensorial-discriminativo: hace referencia a la percepción física del dolor, la interpretación que realiza el cerebro de la información que le llega del cuerpo. Es la parte más fisiológica del dolor, en la que la cultura y las ideas preconcebidas no están presentes.
  2. Sistema afectivo-motivacional: es la manera en la que interpretamos el dolor. Está determinado por las experiencias vividas, la educación, la cultura,… es la parte emocional del dolor. Es decir, cómo afecta el dolor a la persona. El dolor no va a afectar a todo el mundo de la misma manera ni va a ocasionar los mismos pensamientos en todas las personas.
  3. Sistema cognitivo-evaluativo: es el sistema de control central. Hace referencia a la manera de enfrentarnos al dolor. Algunas personas acudirán rápidamente al médico o especialista, otras prefieren los remedios naturales, otras adoptan actitud de enfermedad y continúan su vida de la misma manera sin cambiar patrones que puedan influir en el dolor.

 

Factores orgánicos

            Existen diferencias entre la fisiología de un hombre y de una mujer que influyen en la percepción del dolor. Algunos de estos factores son: el desarrollo del sistema musculoesquelético, la evolución antropológica y el sistema metabólico.

 

Factores culturales

            Los factores culturales no influyen en la manera en la que la persona percibe el dolor, pero sí influye en la manera en la que se enfrenta y en la que se interpreta el dolor. Esto es importante para los profesionales de la salud porque no tenemos otra manera de interpretar el dolor que no sea la actitud antiálgica (gestos, postura) y por la información que nos transmite el paciente. Por eso son importantes estos factores culturales.

 

Los hombres y las mujeres somos distintos en infinidad de cosas, también en la forma en que sentimos el dolor. Entre las diferencias, según un estudio con 100 hombres y 100 mujeres, se encuentra  la valoración sobre su estado de salud. La puntuación media de los hombres sobre su estado de salud era mayor que la de las mujeres un punto, aún sabiendo que los hombres suelen morir antes.

Según nuestra evolución antropológica, el hombre estaba destinado a la caza y a la guerra y la mujer a la cría y recolección. Por ello, el hombre posee un sistema endorfínico más potente que la mujer, que lo protege del dolor. Al igual que el sistema adrenal (adrenalina y cortisol) que alivia el dolor cuando un tejido está inflamado. Además el sistema musculoesquelético es más fuerte en hombres que en mujeres.  En cambio, el nivel de alerta interno es mayor en mujeres que en hombres para proteger a sus crías por lo que las mujeres tienen todos los sentidos más desarrollados que los hombres y, por lo tanto, también es mayor su capacidad para sentir y percibir.

Los resultados de todo ésto es que los hombres con más daño sienten menos dolor y las mujeres con menos daño siente más dolor porque su capacidad de sentir el daño es mayor, percibe mejor lo que va mal. No se trata de que las mujeres se quejen más, sino que su capacidad para sentir  lo que no está bien es mayor. Se trata de forma general, pero no en todos los casos es así.

En cuanto al manejo del dolor, la mujer maneja mejor el dolor que el hombre porque estamos más acostumbradas y, por tanto, mejor preparadas psicológicamente para afrontar el dolor. De hecho, la menstruación es mensual y suele ser dolorosa. El hombre maneja peor el dolor porque su fisiología tiende a tapar el dolor y no a manejarlo.

Como consecuencia de todo ello, la mujer tiene una mayor esperanza de vida que el hombre porque al percibir mejor el daño o el dolor puede abordarlo y poner solución.

Todo ésto es una aproximación de forma general a la percepción del dolor y ambas formas de percibirlo son complementarias.

 

Marina I. Garrido

Fisioterapeuta

Colegiada nº : 5374

marina

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