ALIMENTACIÓN Y SISTEMA INMUNE

Numerosos estudios demuestran que una alimentación desequilibrada, tanto en exceso como en defecto de calorías, y la carencia de determinados nutrientes, pueden llevar a que nuestro sistema inmunitario se vea comprometido y seamos más susceptibles a que parásitos, bacterias y otros organismos patógenos nos afecten. Otras situaciones como el estrés prolongado, los cambios de temperatura bruscos, no descansar suficiente… pueden hacer que nuestro sistema inmune quede debilitado.

 

Los micronutrientes (vitaminas y minerales) tienen una estrecha vinculación con el buen funcionamiento del sistema inmunitario. En este artículo vamos a hablaros de qué micronutrientes nos ayudan a reforzar nuestro sistema inmune y porqué.

 

VITAMINA A:

 Desde su descubrimiento, la vitamina A se conoce popularmente como la vitamina antiinfecciosa, debido a que su déficit aumenta la susceptibilidad, duración y gravedad de las infecciones. Esto se debe a que la vitamina A tienen un papel fundamental en el mantenimiento de las mucosas, que son la barrera más importante entre el organismo y el ambiente. Si esta barrera se encuentra debilitada, nuestro organismo será, por tanto, más propenso a dejar pasar a los organismos patógenos.

La vitamina A está presente en los alimentos de diferentes formas:

  • Los retinoides, que son las formas ya preformadas de vitamina A y se encuentran principalmente en alimentos de origen animal como: el hígado, aceite de pescado, leche, yema de huevo…
  • Los carotenoides, que tienen actividad provitamínica, es decir, que nuestro organismo puede transformarlos en retinol cuando lo necesita. Se encuentran en las frutas y hortalizas de color verde, amarillo o naranja como brócoli, espinacas, zanahorias, albaricoques, cerezas, melón…

 

VITAMINA C:

La vitamina C es un micronutriente al que tradicionalmente se le ha atribuido poder preventivo ante el refriado común y cuya efectividad sobre el sistema inmunitario ha sido muy estudiada.

 A día de hoy, existen evidencias de que ingerir vitamina C durante los resfriados es útil en la disminución de los síntomas, la intensidad de los mismos y su duración, sin embargo, no se ha demostrado que la ingesta de vitamina C disminuya la incidencia de catarro común en la población general.

Algunas de las funciones de la vitamina C sobre el sistema inmunitario son:

  • Promueve la síntesis de colágeno, mejorando la integridad de la barrera epitelial, es decir, que contribuye al mantenimiento de las barreras naturales contra las infecciones.
  • Es un antioxidante altamente eficaz que además puede regenerar otros antioxidantes como la vitamina E. Por ello, es útil en situaciones en las que la oxidación va unida al detrimento del sistema inmunitario.
  • La vitamina C está muy concentrada en los leucocitos y estimula su función, utilizándose rápidamente durante la infección.

Las principales fuentes alimentarias de vitamina C se encuentran en vegetales como los pimientos, tomates, brócoli, col, coles de bruselas, perejil… y frutas cítricas como el kiwi, fresas, naranjas, piña…

 

VITAMINA D:

La vitamina D es una vitamina liposoluble que posee un papel relevante en la modulación del sistema inmune, ya que encuentra presente en varias células inmunitarias como las células presentadoras de antígenos, los linfocitos T, linfocitos B y los monocitos.

De un modo general, incrementa la inmunidad innata y mejora la regulación de la inmunidad adquirida. En concreto, la deficiencia de vitamina D se ha asociado con enfermedades autoinmunes tales como la artritis reumatoide, la encefalitis autoinmune, esclerosis múltiple, diabetes mellitus, etc.

La principal fuente de vitamina D es endógena, ya que se sintetiza en el organismo mediante la exposición a la luz solar. Algunas fuentes alimentarias de vitamina D son los pescados grasos (como el salmón, la caballa, sardinas…), la yema del huevo y la leche y sus derivados.

 

 

VITAMINA E:

 La vitamina E es un nutriente liposoluble presente en muchos alimentos. Una de sus funciones más importantes es su acción antioxidante, ayudando a proteger las células contra los daños causados por los radicales libres. No obstante, también cumple otras funciones relacionadas directamente con el sistema inmune.

En concreto, las bajas concentraciones de vitamina E se han asociado con la desestabilización de las membranas de las células del sistema inmune, la disminución de la hipersensibilidad retardada y la disminución de la producción de anticuerpos.  Se asocia además con la disminución de la inmunidad mediada por células y la producción de interleucina-2, una proteína con funciones muy diversas dentro de la inmunidad.

Algunas fuentes de vitamina E son los aceites vegetales (como aceites de germen de trigo, girasol y cártamo), frutos secos (como almendras), semillas (como semillas de girasol) y hortalizas de hoja verde (como espinaca y brócoli).

 

HIERRO:

 Tanto el déficit de hierro (anemia ferropénica) como el exceso del mismo (hemocromatosis) afectan negativamente al sistema inmune.

Se han asociado bajos valores plasmáticos de hierro con la inhibición de la proliferación de linfocitos T. Sin embargo, también se ha establecido que valores plasmáticos elevados de hierro interfieren con el interferón, un tipo de proteína con funciones relevantes en la respuesta inmunitaria.

En los alimentos, podemos encontrar dos formas de hierro:

  • HIERRO HEMO: se encuentra fundamentalmente en la carne y sus derivados, pescados y yema de huevo. Se encuentra en forma ferrosa y su absorción es muy superior al hierro procedente de vegetales (entre el 10-30%).
  • HIERRO NO HEMO: podemos encontrarlo principalmente en alimentos de origen vegetal como legumbres, cereales, vegetales de hoja verde, frutas desecadas y frutos secos. Se encuentra en forma férrica y su absorción es mucho menor (entre el 1-5%).

 

 

ZINC:

 El zinc es un microelemento estrechamente relacionado con la inmunidad, sobretodo la celular, ya que las células mediadoras en las funciones inmunes decrecen cuando hay deficiencia de este mineral.

Al parecer, el zinc controla el cambio regulatorio de la respuesta inmune, es decir, que ante los estímulos antigénicos es uno de los elementos que decide la conducta que debe tomar el sistema inmunológico.

Por su función inmunomoduladora ha sido utilizado clínicamente en las infecciones respiratorias agudas pediátricas y en la recuperación del sistema inmune de niños desnutridos. También se ha empleado en las enfermedades diarreicas agudas como estabilizador del epitelio intestinal y las membranas, así como protector de la oxidación lipídica. Otra de sus acciones bien conocida es mejorar la cicatrización.

Una dieta adecuada en zinc es vital por lo tanto en la eficacia del sistema inmune. Este mineral es muy abundante en las carnes rojas, mariscos, germen de los cereales y la leche.

 

 

SELENIO:

Numerosos estudios han relacionado la deficiencia de selenio con alteraciones del sistema inmune. En concreto, la resistencia a las infecciones, la síntesis de anticuerpos, la citotoxicidad, la secreción de citoquinas y la proliferación de linfocitos se ven afectados negativamente ante la carencia de este mineral.

Este hecho se relaciona con que el selenio se encuentra normalmente en cantidades significativas en tejidos inmunocompetentes tales como el hígado, bazo y los nódulos linfáticos.

Por otra parte, se ha demostrado que la suplementación con selenio tiene efectos inmunoestimuladores incluso en individuos sin carencias, mejorando la actividad de los linfocitos T y las células NK. En personas con edad avanzada, mejora la respuesta a estímulos y la proliferación de los linfocitos.

Se encuentra en la carne, pescado, marisco, cereales, huevos, frutas y verduras.

 

Thais Aranda

Dietista

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BIBLIOGRAFÍA:

 

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Valderrábano Ojeda LE y cols. Alimentos funcionales en pediatría. Medigraphic.com. Vol. 23, Núm. 3. Septiembre-Diciembre 2014.

Diferencia entre vértigos de origen cervical y de oído. Causas y tratamiento de Fisioterapia en los vértigos de origen cervical.

 

El vértigo es conocido como esa sensación de movimiento, desequilibrio y giro del entorno que nos rodea de manera inesperada, todo esto sin que exista realmente. Se puede acompañar de sensación de desmayo, alteración de la visión e incluso náuseas y vómitos. Los vértigos pueden tener una duración muy corta de unos pocos segundos pero en casos más graves pueden durar horas.

 

¿Por qué los vértigos pueden estar relacionados con las cervicales?

Ciertas alteraciones vertebrales a nivel cervical, pueden afectar al flujo sanguíneo de este área e incluso al correcto funcionamiento del sistema nervioso central (sistema vestibular) lo que puede desencadenar ciertos síntomas como mareos o vértigos.

 

Tipos de vértigos

            Existen 2 tipos: uno de origen periférico en donde el oído es el principal responsable y el otro de origen central en donde el cerebro es el responsable.

 

            Vértigo de origen periférico

El oído es uno de nuestros órganos responsable del equilibrio: en el oído interno se encuentran unas estructuras llamadas cóclea y canales semicirculares. Los canales semicirculares contienen unas células especializadas cuya función es transmitir un impulso hacia el cerebro (a través del nervio auditivo) que le permite a éste generar una idea del movimiento en el cuerpo.

Las células pilosas sólo transmiten este impulso si son estimuladas y este impulso viene provocado por un líquido llamado endolinfa, que baña los canales semicirculares. Si movemos la cabeza, la endolinfa se mueve, y con ella las células pilosas son estimuladas, dándole una idea al cerebro de como se encuentra la cabeza con respecto al cuerpo y qué es lo que se necesita para mantener el equilibrio.

Cuando se produce el vértigo de origen periférico sucede lo siguiente: el líquido que se encuentra en los canales semicirculares, al comportarse como cualquier otro líquido, puede continuar moviéndose dentro de los canales semicirculares a pesar de que nuestra cabeza y cuerpo no se muevan. El cerebro interpreta la información que se produce del estímulo de las células pilosas que se mueven por el líquido que no se detiene: el cuerpo esta quieto pero el oído dice que no.

Vértigo de origen central

            El vértigo de origen cervical es diferente: en el cerebro se integran todos los estímulos y las respuestas para producir el equilibrio. Como cualquier otro órgano, el cerebro requiere de los nutrientes contenidos en la sangre (oxígeno, glucosa, proteínas,…) para poder funcionar. Si de alguna manera se bloquea el riego sanguíneo hacia el cerebro y no es posible que las células se nutran, el funcionamiento del cerebro comienza a fallar.

Este es el caso del área del cerebro encargado del equilibrio y la arteria vertebral: cuando la arteria vertebral se bloquea, el área de equilibrio pierde capacidad para realizar sus funciones y se produce el vértigo.

En estos casos, lo indicado sería que el médico descartara un problema de oído (tapones, infección, otolitos, neurinoma del nervio acústico), problemas cardíacos, artrosis cervical muy avanzada (en ancianos) o incluso tumores cerebrales. Lo cierto es que ninguno de estos provoca dolor cervical, pesadez, contracturas musculares, dolor y tensión en la nuca, rigidez y tortícolis.

Por lo tanto, cuando este cuadro clínico cervical se acompaña de mareos, podemos estar con mucha probabilidad ante un problema cervical, que entre otras cosas provoca mareo e inestabilidad.

Diferencias entre un mareo de origen cervical y de oído

 

Origen cervical                                                         Origen oído

– Mareo, inestabilidad.                                              – Vértigo intenso (todo gira alrededor).

-Inicio progresivo.                                                    – Inicio brusco e intenso.

-Dolor y tensión nuca y cuello.                               – Acúfenos (ruidos).

-Cefaleas.                                                                     – Posible pérdida de audición.

-Naúseas.

-Dolor a la palpación lado izqdo nuca.

-Empeora con el estrés.

 

Hay vértigos del oído que pueden ser de origen cervical porque la arteria vertebral da una rama al oído.

 

Tratamiento de los vértigos o mareos por causa cervical

 

            El especialista al que se debe acudir en este caso es el fisioterapeuta. La terapia manual es esencial en casos de mareos o vértigos cervicales, especialmente las manipulaciones osteopáticas en la zona dorsal, sobre todo en la 4ª vértebra, y la relajación de la musculatura cervical y suboccipital que colaborará en el ajuste de las 2 primeras vértebras cervicales y su relación con la cabeza.

Además, también es primordial la implicación del paciente (en todas las patologías). Que éste conozca la relación de su estrés, postura y actividad laboral-deportiva con su problema cervical y mareos, facilitará enormemente la eficacia de la terapia manual.

 

Marina I. Garrido

Fisioterapeuta

Colegiada nº : 5374

marina

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