ACNÉ Y ALIMENTACIÓN (2ª PARTE – EL PAPEL DE LA ALIMENTACIÓN EN EL TRATAMIENTO DEL ACNÉ)

Son muchas las personas que acuden a internet en busca de información sobre cómo tratar su acné, y a menudo damos con remedios inútiles que en el mejor de los casos sólo consiguen hacernos gastar tiempo y dinero, sino es que empeoran el problema.

Tratar el acné no es algo sencillo, y es fundamental en primer lugar, conocer las causas que lo originan: desórdenes hormonales, problemas alimenticios, inadecuada higiene o productos, etc. Pero, independientemente de cuál sea esta causa y el tratamiento que el especialista nos indique para abordarla, la alimentación puede jugar un papel a favor a la hora de mejorar esta condición.

Si aún no has leído la primera parte de este artículo (alimentos que influyen en la aparición del acné), te recomendamos que lo hagas primeramente, ya que ahí conocerás, en primer lugar, en qué consiste realmente esta afección y posibles hábitos alimenticios que la empeoran. En este artículo vamos a analizar algunos nutrientes con probadas evidencias científicas a la hora de mejorar el acné.

 

RELACIÓN ADECUADA DE ÁCIDOS GRASOS OMEGA 3 Y 6:

Como vimos en la parte 1 de este artículo, el desequilibrio entre los ácidos grasos omega 3 y 6 que se da hoy día en las dietas occidentalizadas es un aspecto que se ha relacionado con el desarrollo del acné inflamatorio. Por tanto, es de imaginar que mantener una relación adecuada en la ingesta de ácidos grasos omega 3 y 6 (en torno a 1-4:1) puede mejorar esta condición.

Además, la investigación ha demostrado que algunas afecciones de la piel como el eccema, el acné y la psoriasis están relacionados con anormalidades en el metabolismo de los ácidos grasos esenciales (1). Por ejemplo, se ha demostrado que los pacientes con acné tienen bajos niveles de ácido linoleico en los lípidos de la superficie de la piel, un ácido graso omega 6 esencial y componente estructural de las ceramidas de la piel (2).

  • En este estudio realizado con mujeres (3), se encontró que la suplementación con 2,2g de aceite de linaza o de borraja durante 12 semanas tenía beneficios para la piel. En concreto, la hidratación de la piel aumentó significativamente, la pérdida de agua transepidérmica disminuyó y se observaron mejoras importantes en la formación de escamas, rugosidad y enrojecimiento. Esto es debido a que el aceite de borraja tiene altos niveles de ácido linoleico y gamma-linolénico, y el aceite de linaza tiene altos niveles de ácido alfa-linolénico y ácido linoleico, y como hemos visto anteriormente, las personas propensas al acné son deficientes en estos ácidos grasos específicos.

FUENTES DE OMEGA 3:

Algunas fuenas fuentes dietéticas de omega 3 son:

  • Nueces
  • Semillas de chía
  • Aceite de hígado de bacalao
  • Yemas de huevo
  • Pescados grasos (caballa, salmón, atún, sardinas, anchoas, trucha…)
  • Aceite de lino
  • Carne de vacuno
  • Semillas de lino y cáñamo

 

VITAMINAS A Y D:

Las vitaminas A y D también realizan funciones de gran importancia para la salud de la piel.

¿Recordáis que uno de los factores causantes del acné era la hiperqueratinización?, pues bien, los estudios han demostrado que estas vitaminas tienen “efectos antiproliferativos” en la piel. (4, 5, 6), es decir, que frenan el crecimiento acelerado de las células de la piel.

Además, las vitaminas A y D son el primer grupo de sustancias que han demostrado actuar como hormonas cutáneas, ayudando a regular los defectos en la biología de las células de la piel.

Es por ello que la vitamina A y sus metabolitos naturales han sido aprobados como medicamentos para el tratamiento tópico y sistémico de acné leve a moderado y severo, el envejecimiento cutáneo biológico, y el sarcoma de Kaposi entre otras afecciones. Del mismo modo, debido a su actividad sobre el crecimiento de los queratinocitos, los análogos de la vitamina D son utilizados para el tratamiento de la psoriasis (7).

Por otra parte, se ha demostrado que un déficit de vitamina A, afecta dramáticamente la biología cutánea, ya que la piel seca, el cabello seco y las uñas quebradizas, se encuentran entre las primeras manifestaciones de la deficiencia de esta vitamina (8). Esto es perjudicial para el acné, ya que la piel seca es menos capaz de curarse a sí misma.

Por el contrario, los niveles altos de vitamina A en el organismo han sido asociados con un pH más bajo y un menor contenido de sebo en la piel, ambos, factores que ayudan a reducir el acné (9).

FUENTES DE VITAMINA A Y D:

La principal forma de obtención de vitamina D es a través del Sol, ya que nuestro organismo la sintetiza en la piel a través de la luz solar. En la alimentación, esta vitamina se obtiene principalmente mediante el consumo de peces como salmón, caballa, sardinas…

Respecto a la vitamina A, cabe destacar que el retinol (vitamina A), los carotenoides (provitamina A) y los retinoides (metabolitos de la vitamina A) se absorben mejor con la ingesta paralela de aceites vegetales. (10, 11, 12)

Algunas buenas fuentes dietéticas de vitamina A son:

  • Hígado de vaca
  • Aceite de Ghee
  • Hígado de pollo
  • Aceite de hígado de bacalao
  • Yema de huevo
  • Salmón

Respecto a los carotenos, estos se encuentran principalmente en alimentos vegetales como las zanahorias, grelos, repollo, berro, espinacas, pimiento rojo, tomates, etc.

 

VITAMINA E:

La vitamina E, es otra de las principales vitaminas liposolubles que se encuentran en la piel, especialmente en el estrato córneo facial.

Existen evidencias de que la vitamina E se suministra a la piel mediante la secreción de las glándulas sebáceas. Este mecanismo puede servir para proteger los lípidos de la superficie de la piel y el estrato córneo superior de la oxidación nociva (13), lo que podría reducir el acné inflamatorio, debido a que la oxidación de los lípidos favorece el estado inflamatorio de la enfermedad.

Bien, ya sabemos que la vitamina E actúa como antioxidante y que su aumento en el sebo humano puede reducir el acné inflamatorio. La pregunta es ¿conseguiremos mayores niveles de vitamina E en la piel mediante la suplementación dietética de la misma? la investigación ha demostrado que si (14).  Como vemos en este estudio, tras 14-21 días de suplementación con acetato de tocoferol, 24 voluntarios aumentaron sus niveles de vitamina E en el sebo de la piel.

 

ZINC:

Las primeras manifestaciones del déficit de zinc son problemas de la piel como dermatitis, alopecia, acné, eccema, sequedad y escamación (15), lo que ya nos puede dar una idea acerca de la importancia de este mineral en la salud de la piel.

Sin embargo, y aunque el zinc se ha usado ampliamente tanto tópica como sistémicamente para el tratamiento del acné vulgar, el tratamiento con zinc oral presenta ciertas complicaciones como náuseas, vómitos y diarreas con frecuencia (16, 17).

En los estudios realizados hasta el momento, se ha encontrado que el uso de zinc oral es más útil para el tratamiento del acné severo que moderado, del mismo modo, el gluconato de zinc oral se ha encontrado útil en el manejo del acné inflamatorio (18, 19)

El mecanismo exacto del zinc en el tratamiento del acné sigue aun sin estar claro. Se considera que actúa directamente sobre el equilibrio inflamatorio microbiano y facilita la absorción de antibióticos cuando se usa en combinación con estos. Otro posible beneficio del zinc en el tratamiento del acné es la supresión de la producción de sebo por su actividad antiandrogénica (20).

A día de hoy, se necesita más evidencia clínica y experimental para determinar la eficacia de este modo de tratamiento. Solo después de realizar estudios adecuados sobre su eficacia y seguridad, se pueden formular las pautas o recomendaciones de tratamiento con de zinc. 

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Thais Aranda

Dietista – Nutricionista

BIBLIOGRAFÍA:

  1. Essential fatty acids in clinical dermatology. Horrobin DF1. J Am Acad Dermatol. 1989 Jun;20(6):1045-53.
  2. Essential fatty acids and acne. Downing DT, et al. J Am Acad Dermatol. 1986 Feb;14(2 Pt 1):221-5.
  3. Intervention with flaxseed and borage oil supplements modulates skin condition in women. De Spirt S, et al. Br J Nutr. 2009 Feb;101(3):440-5. doi: 10.1017/S0007114508020321. Epub 2008 Sep 2.
  4. Antiproliferative effect of vitamin A and D analogues on adult human keratinocytes in vitro. S. Popadic, Z. Ramic, L. Medenica, M. Mostarica Stojkovic, V. Trajković, D. Popadic. Skin Pharmacol Physiol. 2008; 21(4): 227–234. Published online 2008 May 29. doi: 10.1159/000135639
  5. Ligand Activation of Peroxisome Proliferator-Activated Receptor-β/δ Inhibits Cell Proliferation in Human HaCaT Keratinocytes. Michael G. Borland, Jennifer E. Foreman, Elizabeth E. Girroir, Reza Zolfaghari, Arun K. Sharma, Shantu Amin, Frank J. Gonzalez, A. Catharine Ross, Jeffrey M. Peters. Mol Pharmacol. Author manuscript; available in PMC 2009 Nov 1. Published in final edited form as: Mol Pharmacol. 2008 Nov; 74(5): 1429–1442. Published online 2008 Aug 7. doi: 10.1124/mol.108.050609
  6. Retinoic acid increases aquaporin 3 expression in normal human skin. Gaelle Bellemère, Otto Von Stetten, Thierry Oddos. J Invest Dermatol. 2008 Mar; 128(3): 542–548. Published online 2007 Oct 18. doi: 10.1038/sj.jid.5701047
  7. Vitamins as hormones. J. Reichrath, B. Lehmann, C. Carlberg, J. Varani, C. C. Zouboulis Horm Metab Res. 2007 Feb; 39(2): 71–84. doi: 10.1055/s-2007-958715.
  8. The relationship of diet and acne: A review. Apostolos Pappas. Dermatoendocrinol. 2009 Sep-Oct; 1(5): 262–267.
  9. Human skin condition and its associations with nutrient concentrations in serum and diet. Boelsma E, et al. Am J Clin Nutr. 2003 Feb;77(2):348-55.
  10. Influence of dietary fat on beta-carotene absorption and bioconversion into vitamin A. Judy D. Ribaya-Mercado. Nutr Rev. 2002 Apr; 60(4): 104–110.
  11. Mechanisms of digestion and absorption of dietary vitamin A. Earl H. Harrison. Annu Rev Nutr. 2005; 25: 87–103. doi: 10.1146/annurev.nutr.25.050304.092614
  12. Carotenoid absorption from salad and salsa by humans is enhanced by the addition of avocado or avocado oil. Nuray Z. Unlu, Torsten Bohn, Steven K. Clinton, Steven J. Schwartz. J Nutr. 2005 Mar; 135(3): 431–436.
  13. Sebaceous gland secretion is a major physiologic route of vitamin E delivery to skin. J. J. Thiele, S. U. Weber, L. Packer. J Invest Dermatol. 1999 Dec; 113(6): 1006–1010. doi: 10.1046/j.1523-1747.1999.00794.x
  14. Oral supplementation with all-Rac- and RRR-alpha-tocopherol increases vitamin E levels in human sebum after a latency period of 14-21 days. Swarna Ekanayake-Mudiyanselage, Klaus Kraemer, Jens J. Thiele. Ann N Y Acad Sci. 2004 Dec; 1031: 184–194. doi: 10.1196/annals.1331.017
  15. The Role of the Slc39a Family of Zinc Transporters in Zinc Homeostasis in Skin. Bin BH, Hojyo S, Seo J, Hara T, Takagishi T, Mishima K, Fukada T. Nutrients. 2018 Feb 16;10(2). pii: E219. doi: 10.3390/nu10020219.
  16. Zinc sulfate in acne vulgaris. V. M. Weimar, S. C. Puhl, W. H. Smith, J. E. tenBroeke. Arch Dermatol. 1978 Dec; 114(12): 1776–1778.
  17. Unacceptable side-effects of oral zinc sulphate in the treatment of acne vulgaris. W. J. Cunliffe. Br J Dermatol. 1979 Sep; 101(3): 363.
  18. Multicenter randomized comparative double-blind controlled clinical trial of the safety and efficacy of zinc gluconate versus minocycline hydrochloride in the treatment of inflammatory acne vulgaris. B. Dreno, D. Moyse, M. Alirezai, P. Amblard, N. Auffret, C. Beylot, I. Bodokh, M. Chivot, F. Daniel, P. Humbert, et al. Dermatology. 2001; 203(2): 135–140.
  19. Efficacy and safety study of two zinc gluconate regimens in the treatment of inflammatory acne. J. Meynadier. Eur J Dermatol. 2000 Jun; 10(4): 269–273.
  20. Zinc Therapy in Dermatology: A Review. Mrinal Gupta, Vikram K. Mahajan, Karaninder S. Mehta, Pushpinder S. Chauhan. Dermatol Res Pract. 2014; 2014: 709152. Published online 2014 Jul 10. doi: 10.1155/2014/709152

HIPERTROFIA ¿CON O SIN EJERCICIO CARDIOVASCULAR? II PARTE

En el anterior artículo se planteaba la posible desventaja para la síntesis proteica y la hipertrofia que se desprende del ejercicio concurrente (fuerza + resistencia en una misma sesión). Adaptaciones antagónicas de dos modalidades de ejercicio y posibles interferencias se plantean desde la literatura actual como un factor en contra para el objetivo de la hipertrofia muscular. Para superar las limitaciones de algunos estudios anteriores, Fyfe y col., (2017)  plantean un estudio sobre el papel de los reguladores de la hipertrofia tras ambas modalidades de entrenamiento.

Metodología

La muestra de 23 sujetos se dividió en tres grupos; el primero realizó entrenamiento de fuerza en solitario, el segundo entrenamiento de fuerza más HIT y el tercero entrenamiento de fuerza más  ejercicio cardiovascular moderado. Durante 8 semanas, los 3 grupos realizaron 3 sesiones de entrenamiento semanales, comenzando el grupo 2 y 3 por el ejercicio cardiovascular, seguido por el de fuerza.

El entrenamiento de fuerza consistió en realizar el ejercicio de prensa de piernas, con 8 series de 5 repeticiones al 80% de su repetición máxima. Previamente el grupo 2 realizó 10 intervalos de 2´ de alta intensidad, y el grupo 3, 30´de ejercicio cardiovascular moderado.

 

 

Resumen del estudio (A) y cronogramas para la sesión de entrenamiento final (B). Los participantes completaron primero 8 semanas de entrenamiento de fuerza (RT) o RT combinado con entrenamiento de intervalo de alta intensidad (HIT + RT) o entrenamiento continuo de intensidad moderada (MICT + RT). En la última sesión de entrenamiento (B), los participantes completaron el protocolo RE solo (i) o después de una recuperación de 15 minutos después de la finalización del ciclo HIT (ii) o el MICT (iii) coincidente en el trabajo. Las biopsias musculares se obtuvieron del vasto externo en reposo antes del entrenamiento, e inmediatamente antes de comenzar la sesión de entrenamiento final, y 1 hy 3 h después de la finalización de la recuperación.

Imagen 1. Protocolo del estudio de Fyfe y col., (2017)

Resultados

De acuerdo con estudios previos  de interferencia sobre la fuerza en el ejercicio concurrente, la magnitud de este cambio fue mayor para el entrenamiento de fuerza en solitario. Este grupo mejoró su fuerza máxima en mayor medida que los otros dos grupos.

En cuanto a la masa muscular de las piernas, la mejora fue similar en el grupo de entrenamiento de fuerza en solitario y el que combinaba con ejercicio cardiovascular moderado, siendo menor que combinaba el ejercicio de fuerza con el HIT.

Respecto a la síntesis de ribosomas, los cambios inducidos por entrenamiento en marcadores de biogénesis de ribosomas, incluyendo el contenido total de ARN y la expresión de algunas especies maduras de ARN, fue más favorables después del entrenamiento concurrente en comparación con el entrenamiento de fuerza en solitario, independientemente de la intensidad de entrenamiento de resistencia. Esto fue así, aunque después de de la última sesión de entrenamiento, la biosíntesis de MTOR1 y síntesis de ribosomas fue mayor en el grupo de entrenamiento en solitario que el incorporaba  ejercicio cardiovascular.

En cuanto a la hipertrofia muscular, solo las fibras de tipo I fueron estimuladas en mayor medida en el grupo que entrenó fuerza en solitario, sugiriendo que hipertrofia y síntesis ribosómica alternan caminos diferentes.

 

Conclusión

Este estudio midió los efectos del entrenamiento concurrente versus fuerza en solitario en los marcadores de la biogénesis de ribosomas musculares esqueléticos. Contrariamente a la hipótesis inicial, el entrenamiento de fuerza en solitario indujo pequeñas disminuciones en los niveles de los marcadores de síntesis de ribosomas posterior a la intervención, mientras que el cambio inducido en estos marcadores fue mayor con el ejercicio concurrente en comparación con ejercicio de fuerza aislado.

Los datos actuales contrastan con estos hallazgos al sugerir que el entrenamiento de fuerza en solitario fue un estímulo insuficiente para aumentar el contenido de ribosomas, mientras que el ejercicio concurrente fue suficiente para aumentar la expresión madura de marcadores ribosómicos tras la sesión de entrenamiento final.

Opinión sobre la practicidad de este estudio

Finalmente señalar que alternar fases de entrenamiento concurrente con ejercicio de fuerza en solitario puede ser una eficaz estrategia para favorecer la hipertrofia muscular. Si la modalidad concurrente mejora la síntesis de ribosomas (el lugar donde se “cocinan” las nuevas proteínas) en mayor medida que el entrenamiento de fuerza en solitario, la programación de este tipo de entrenamiento puede aportar beneficios adicionales al plan propuesto. La periodización según objetivos puede ser la clave, donde se puedan alternar diferentes modalidades de entrenamiento según se proponga en el objetivo de pequeños periodos de entrenamiento.

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Ángel Rodríguez

Graduado Ciencias actividad física y del deporte

 

 

Referencias

Fyfe, J. J., Bishop, D. J., Bartlett, J. D., Hanson, E. D., Anderson, M. J., Garnham, A. P., & Stepto, N. K. (2018). Enhanced skeletal muscle ribosome biogenesis, yet attenuated mTORC1 and ribosome biogenesis-related signalling, following short-term concurrent versus single-mode resistance training. Scientific reports, 8(1), 560.

ALTERACIONES EN LA ATM Y BRUXISMO

La articulación temporomandibular (ATM) es aquella que conecta la mandíbula inferior al cráneo actuando como una bisagra deslizante.  Debido a que estas articulaciones son flexibles, la mandíbula puede moverse permitiéndonos hablar, masticar y bostezar. Los músculos se acoplan a las articulaciones mandibulares y las rodean, controlando su posición y movimiento.

Los trastornos temporomandibulares, comúnmente llamados trastornos de la ATM, son unas alteraciones que causan dolor y disfunción en las articulaciones y los músculos que controlan el movimiento de la mandíbula. Este tipo de alteraciones se dividen en tres categorías:

  • El dolor Miofascial, que produce dolor en los músculos que controlan la mandíbula.
  • Una asimetría interna causada por un disco desplazado, la mandíbula dislocada, lesiones del cóndilo o pérdidas dentarias.
  • Alteraciones degenerativas, inflamatorias, metabólicas y neurológicas de las articulaciones temporomandibulares.

 

El 93% de la población general sufre algún signo de trastorno temporomandibular y  entre el 5 y el 13% sufre patología significativa. Aunque puede aparecer en cualquier edad, la mayoría de pacientes se encuentran entre los 20 y 40 años de edad; existiendo una mayor prevalencia en mujeres, en proporción de 3 mujeres por cada hombre.

Las causas de las alteraciones en la ATM pueden ser:

  • Lesión en la mandíbula o en la articulación temporomandibular.
  • Una mala oclusión.
  • El tratamiento de ortodoncia.
  • Desgaste del disco o el cartílago de la articulación.
  • Artritis reumatoide o gota, enfermedades que causan la inflamación de la mandíbula.
  • El estrés o la ansiedad. Tendencia a apretar o rechinar los dientes (bruxismo).

Entre las alteraciones funcionales podemos encontrar:

  • Desviación de la apertura, limitación de la apertura, limitación de la lateralidad, y ruidos intraarticulares; afectando al conjunto funcional del habla, la masticación y la deglución.

Como síntomas dolorosos asociados encontramos:

  • Dolor de: cabeza, cuello, oídos, maxilares, esternal, ojos, dentario.

Y  como otros síntomas:

  • Zumbidos, acúfenos, vértigo, pérdida de equilibrio, problemas visuales, alteraciones de la posición, y sensación de quemazón.

Síntomas que aparecen en la disfunción temporomandibular

Síntomas en Cabeza:

  • Cefaleas constantes más intensos por las mañana.
  • Dolor retro-ocular.
  • El dolor se aumenta con la función mandibular.
  • El dolor irradiado a la región craneal, cervical, hombros.
  • Dolor a punta de dedo en ángulo de la mandíbula y músculos de la masticación.
  • Limitación en los movimientos de apertura-cierre, lateralidades y profusión-retrusión.
  • Crepitaciones articulares al abrir la boca o masticar.

Síntomas en oído:

  • Sensación de taponamiento.
  • Dolor de oído.
  • Ruidos extraños en los oídos (acúfenos …).
  • Sensación vértiginosa.
  • Sensación de mareo.

Síntomas en Cuello:

  • Dolor o dificultad en la deglución.
  • Dolor de garganta.
  • Limitación en los movimientos del cuello.
  • Sensación de tensión en cuello.
  • Dolor en cuello, nuca, zona interescapular.
  • Ardor, inflamación y congestión en la garganta.

Otros síntomas asociados:

  • Hormigueo en cara, cabeza y cuello.
  • Depresión.

Factores desencadenantes

  • Tensión psíquica.
  • Sobrecarga física y emocional.
  • Hiperactividad muscular permanente.
  • Interferencias oclusales.
  • Contactos prematuros.
  • Ausencia de dientes posteriores.
  • Hábitos nocivos.

 

No podemos seguir hablando de ATM sin detenernos en explicar el bruxismo.

El concepto de bruxismo hace referencia a una alteración biomecánica de la  articulación temporomandibular en la que se produce una parafunción mandibular, o lo que es más conocido, se aprietan los dientes. Aunque puede darse de forma indiferente durante el transcurso del día o de la noche, tiene una mayor incidencia durante la noche.

Uno de los principales problemas que aparece es el desgaste de las piezas dentales, debido al continuo movimiento de los dientes superiores sobre los inferiores, a modo de compresión y cizallamiento.

Se trata de una patología mecánica con origen psicológico o emocional, el estrés es el principal causante del bruxismo. Además, existen otros factores que pueden exacerbar los síntomas, como pueden ser unos malos hábitos alimentarios, la falta de descanso (todos ellos relacionados con un problema de tipo emocional).

Los síntomas del bruxismo son:

  • Dolor e inflamación de la articulación de la mandíbula
  • Dolor de cabeza: La contracción permanente de la musculatura implicada en la masticación genera dolor de carácter referido a la zona de la cabeza. Además, hay muchas estructuras nerviosas por esa zona que pueden ser sobreestimuladas.
  • Dolor de oído, por la relación que tiene esta articulación con el canal auditivo.
  • Desgaste de las piezas dentales.

Respecto al tratamiento

El que la disfunción temporomandibular sea tan frecuente no quiere decir que en todos los casos necesiten tratamiento, ya que sólo del 5 al 6 % lo necesitan. Los demás afectados padecerán casos leves, e incluso transitorios.

Yemm nos dice que las maloclusiones y el estrés conllevan a una actividad muscular alterada. Las situaciones de estrés al aumentar la tensión muscular, pueden ocasionar contracturas musculares que si se acompañan de factores psicológicos y oclusales producirán signos y síntomas de los trastornos temporomandibulares. Prácticamente cualquier tipo de maloclusión puede desencadenar respuestas a periodos de tensión emocional.

Algunos dentistas pueden proporcionar tratamientos conservadores y reversibles que son exitosos en la gran mayoría de situaciones y cumplen con el código ético de la profesión. Por el contrario, aquellos dentistas que continúan siguiendo los modelos mecanicistas más antiguos, no solo están fuera de la ciencia, sino que ponen en peligro el bienestar de sus pacientes proporcionando intervenciones innecesarias e irreversibles de cambio de mordida y reposicionamiento de la mandíbula”.

A día de hoy, el tratamiento de fisioterapia está ganando grandes progresos en cuanto a la evidencia científica, y por tanto, es mejor apostar por un tratamiento conservador que no provocará cambios irreversibles, y tiene mayor éxito. Por supuesto, la fisioterapia es una gran solución, no sólo a los problemas que conlleva la ATM, sino a prevenir problemas posteriores provocados por la falta de tratamiento o por la mala praxis.

Es obvio que la fisioterapia es buena, pero además el mal que puede causar es mínimo y, por tanto, creo que es lógico pensar que puede ser el tratamiento de elección al inicio de estos y otros problemas.

Además, si enlazamos los problemas musculares y articulares de la ATM y el dolor, también parece lógico pensar que el profesional más preparado para tratarlos es el fisioterapeuta y, en caso de no conseguir resultados óptimos, se podrían plantear la actuación de otras técnicas quirúrgicas u ortodónticas.

Las distintas técnicas de tratamiento en la fisioterapia van dirigidas a tratar el tejido óseo, tejidos blandos y el segmento superior de la columna cervical, siendo las técnicas más importantes la movilización de tejidos blandos y la movilización articular.

Por consecuencia, ante los problemas de la articulación temporomandibular, no dudéis en acudir a un fisioterapeuta especializado en esta área.

 

 

Podemos concluir que:

  • La articulación temporomandibular es compleja y requiere la actuación de un enfoque multidisciplinario.
  • Es la fisioterapia quien tiene como objetivo restaurar la función y la movilidad en ATM y columna cervical, lograr unos arcos de movilidad articular adecuados y completos en la ATM de (apertura-cierre, lateralidades, protrusión-retrusión), buscando la posición fisiológica de la ATM, mejorando la relación cóndilo-discal, simetría en el movimiento, normalización tono muscular, mejorar la alineación corporal y reeducar al paciente en una correcta higiene postural, entre otros. Evitando de esa manera la realización de modificaciones oclusales como son la ortodoncia, el tallado selectivo, la reconstrucción de la anatomía oclusal y la cirugía.
  • La disfunción muscular puede provocar dolor referido a otras zonas del cuerpo y no se deben confundir los síntomas referidos (cabeza, cuello, oido) como patologías por sí mismas.
  • Se ha observado que después del tratamiento de fisioterapia adecuado los músculos masticatorios y del cuello logran estar en un tono muscular más normal disminuyéndose los signos y síntomas.

 

¡¡¡¡NO DUDES EN ACUDIR AL FISIOTERAPEUTA!!!

 

 

 

 

 

Rocío Haro

Fisioterapeuta

 

 

Bibliografía

  1. Fischer P. Tratamiento fisioterapéutico de disfunciones orofaciales. Labor Dental Clin 2001; 2(5): 171 – 4
  2. Daniel M. Laskin,Director Temporomandibular Joint and Facial Pain Research Center University of Illinois Medical Center.
  3. Carlsson, C.R. Epidemiology and treatment need for temporomandibular disorders. J Orofac Pain 1999; 13: 232-37.
  4. García De Hombre AM. Trastorno doloroso y vértigo referido al oído. Derivación frecuente al ORL. An Med Interna 2005; 22 (2): 88-90.
  5. Ilzarde LM. Bruxismo y terapia de modificación de conducta. Disponible en: https://www.reddental.com
  6. Sadwosky C. Temporomandibular disorders and functional occlusion after orthodontic treatment of two long term studies. Am J Orthod 1984;86(5):386-90
  7. CHAMORRO, Jorge (2004). Terapia Orofacial y Miofuncional. Tratamiento de apoyo en
  8. II Jornadas de Logopedia, ALPA (2004). Terapia Miofuncional. Trastornos de la ATM.
  9. William S. Parker, Richard A. Chole Tinnitus, vertigo, and temporomandibular disorders American Journal of Orthodontics & Dentofacial Orthopedics February 1995. Vol. 107,
  10. Girardin M, Höppner IP. Terapia manual de la disfunción neuromuscular y articular. Técnica de L. M. Jones. Barcelona: Pardotribo; 1998.

Podemos concluir que:

  • La articulación temporomandibular es compleja y requiere la actuación de un enfoque multidisciplinario.
  • Es la fisioterapia quien tiene como objetivo restaurar la función y la movilidad en ATM y columna cervical, lograr unos arcos de movilidad articular adecuados y completos en la ATM de (apertura-cierre, lateralidades, protrusión-retrusión), buscando la posición fisiológica de la ATM, mejorando la relación cóndilo-discal, simetría en el movimiento, normalización tono muscular, mejorar la alineación corporal y reeducar al paciente en una correcta higiene postural, entre otros. Evitando de esa manera la realización de modificaciones oclusales como son la ortodoncia, el tallado selectivo, la reconstrucción de la anatomía oclusal y la cirugía.
  • La disfunción muscular puede provocar dolor referido a otras zonas del cuerpo y no se deben confundir los síntomas referidos (cabeza, cuello, oido) como patologías por sí mismas.
  • Se ha observado que después del tratamiento de fisioterapia adecuado los músculos masticatorios y del cuello logran estar en un tono muscular más normal disminuyéndose los signos y síntomas.

 

¡¡¡¡NO DUDES EN ACUDIR AL FISIOTERAPEUTA!!!

 

 

 

Bibliografía

  1. Fischer P. Tratamiento fisioterapéutico de disfunciones orofaciales. Labor Dental Clin 2001; 2(5): 171 – 4
  2. Daniel M. Laskin,Director Temporomandibular Joint and Facial Pain Research Center University of Illinois Medical Center.
  3. Carlsson, C.R. Epidemiology and treatment need for temporomandibular disorders. J Orofac Pain 1999; 13: 232-37.
  4. García De Hombre AM. Trastorno doloroso y vértigo referido al oído. Derivación frecuente al ORL. An Med Interna 2005; 22 (2): 88-90.
  5. Ilzarde LM. Bruxismo y terapia de modificación de conducta. Disponible en: https://www.reddental.com
  6. Sadwosky C. Temporomandibular disorders and functional occlusion after orthodontic treatment of two long term studies. Am J Orthod 1984;86(5):386-90
  7. CHAMORRO, Jorge (2004). Terapia Orofacial y Miofuncional. Tratamiento de apoyo en
  8. II Jornadas de Logopedia, ALPA (2004). Terapia Miofuncional. Trastornos de la ATM.
  9. William S. Parker, Richard A. Chole Tinnitus, vertigo, and temporomandibular disorders American Journal of Orthodontics & Dentofacial Orthopedics February 1995. Vol. 107,
  10. Girardin M, Höppner IP. Terapia manual de la disfunción neuromuscular y articular. Técnica de L. M. Jones. Barcelona: Pardotribo; 1998.

 

ENTRENAMIENTO DE CORE APLICADO A LOS DEPORTES DE CONTACTO: EL FÚTBOL

En muchos deportes, especialmente los deportes de equipo donde hay choques, debido a la naturaleza de estos deportes de contacto, la disputa por el balón durante todo el partido es algo inherente a la actividad (por ejemplo, entradas, duelos físicos, cargas o saltos para apoderarse de un balón). Con el fin de ser capaz de competir y de mantener la posesión, los jugadores deben tener un sólido, estable y equilibrado Core sobre el que se producen los momentos de fuerza. Core se define como la capacidad de controlar la posición y el movimiento del tronco sobre la pelvis para permitir una óptima producción, transferencia y control de la fuerza y el movimiento en actividades atléticas integradas (Borghuis, Lemmink y Hof, 2011). La estabilidad del Core comúnmente conocido como el complejo de cadera-lumbopélvica, es crucial en la prestación de fuerza para el movimiento de las extremidades superiores e inferiores, para soportar cargas, y para proteger la médula espinal y las raíces nerviosas (Willson, Dougherty, Ireland y Davis 2005). La estabilidad del tronco se consigue por el sistema muscular troncal que proporciona la mayoría de la restricción dinámica junto con la rigidez pasiva de las vértebras, fascia y ligamentos musculares en la columna vertebral. Se entiende que el Core se compone de los músculos paraespinales, músculo cuadrado lumbar, músculos abdominales, musculatura de la cintura pélvica, el diafragma, el multifidus y los músculos del suelo pélvico. El desarrollo de la musculatura del tronco es visto desde la biomecánica como una forma eficiente de maximizar la fuerza y reducir al mínimo las cargas conjuntas en cualquier actividad y, con esto, reducir la incidencia de lesiones (Hibbs, Thompson, French, Wrigley y Spears, 2008).

Considerando que la fuerza muscular simétrica y el equilibrio muscular parecen estar relacionados con la estabilidad del Core, como se ha demostrado en adultos (Hewett, Ford y Myer, 2006), particularmente en la reducción de lesiones de extremidad inferior (Mjolsnes, Arnason, Raastad y Bahr, 2004). Concretamente en fútbol, se ha mostrado la utilidad de los programas de entrenamiento del Core en diversos estudios (Olsen, Myklebust, Engebretsen, Holme y Bahr, 2005; Soligard et al., 2008). Teniendo en cuenta que el principal objetivo de este tipo de entrenamiento, dejando a un lado su transferencia al rendimiento deportivo, es la prevención de lesiones, su análisis puede servir para ayudar a identificar el potencial que tiene en la reducción de la incidencia lesional. Previos estudios han mostrado las adaptaciones de la musculatura inferior con la realización de un programa de entrenamiento basado en la estabilidad del Core (Brito et al., 2010; Daneshjoo, Mokhtar, Rahnama y Yusof, 2012).

Trabajo del CORE – Flexiones de columna o crunch abdominal

La flexión del tronco o crunch abdominal es uno de las propuestas más extendidas en la mayoría de prescripciones para el trabajo del abdomen (McGill, 1997; Moreside, Vera-Garcia y McGill, 2007). Comúnmente se hace visible este tipo de ejercicios por medio de los medios de comunicación y su uso por personas socialmente reconocidas. Sin embargo, la evidencia científica determina líneas muy claras que alejan a este tipo de ejercicios del ideal en el que se tienen actualmente valorados. Cuando se realiza este ejercicio suele estar compuesto por uno o dos momentos: flexión y rotación. En el movimiento de flexión las vértebras contiguas sufren una separación de sus apófisis espinosas desplazándose la vértebra superior hacia adelante (Krismer, Haid y Rabl, 1996). En el momento de rotación, se produce un deslizamiento hacia adelante y hacia atrás de las facetas articulares (Krismer et al., 1996). Este momento supone un cizallamiento del anillo y un aumento de la presión sobre el núcleo. Por lo tanto, a mayor flexión y rotación de la columna vertebral, mayor será el brazo de palanca aplicado y mayor riesgo de lesión estaremos asumiendo en la ejecución del crunch abdominal (Huang, Han, Liu, Yu y Yu, 2016).

Las flexiones de tronco para el trabajo abdominal son frecuentemente añadidas en las rutinas de entrenamiento en clases o deportes colectivos y se han mostrado como facilitadoras en la aparición de la incontinencia urinaria por esfuerzo (Fozzatti et al., 2012; Salvatore et al., 2009). La incontinencia urinaria y por esfuerzo puede verse afectada en la realización de ejercicios abdominales debido a los cambios de presión intra abdominal que se producen en su entrenamiento (Deeble, French, Thompson, Andrews y Briffa, 2012). Este hecho sugiere que la utilización de las flexiones de tronco en todas sus variantes como trabajo abdominal, deben ser eliminadas de los planes de entrenamiento al producir altos niveles de presión intra abdominal durante su ejecución. Asimismo, especialmente en mujeres pudieran ser potencialmente lesivos y por tanto su inclusión como entrenamiento del Core está desaconsejada por varios estudios (Barton, Serrao, Thompson y Briffa, 2015; Fozzatti et al., 2012).

Otro aspecto a valorar sería la posición del psoas-ilíaco durante la ejecución del crunch, ya que se produce una disminución de la cadena muscular anterior con su consecuente acortamiento y si, sumamos la elevación de piernas estaremos incrementando la activación del psoas-ilíaco. Esto puede suponer la alteración de la cadena muscular provocando desequilibrios posturales (Muscolino, 2014).

 

 

La activación muscular de los músculos protagonistas el abdomen como el transverso-espinoso, ha sido mayor mediante la ejecución de ejercicios de peso libre (Masturcello et al., 2013) que otros ejercicios centrados específicamente en el trabajo muscular del Core. Por ello, además del trabajo de contracción isométrica para completar los programas de fortalecimiento y prevención (Lee y McGill, 2015), la prescripción de ejercicios de peso libre o multiarticulares y multiplanares (Masturcello et al., 2013) parece ser la opción más acertada y contrastada en periodos competitivos. En este contexto, el trabajo isométrico del abdomen ha de sobreponerse al trabajo mediante el crunch y sus variantes (Lee y McGill, 2015). Un ejemplo de un plan de entrenamiento del Core mediante ejercicios isométricos podría ser el propuesto por Lee y McGill (2015) como plan que puede seguirse de forma paralela a las sesiones de entrenamiento.

 

 

Algunos entrenadores consideran que plantear ejercicios con peso libre, es suficiente para la activación y trabajo del Core, sin embargo, numerosos estudios han mostrado que el entrenamiento con ejercicios isométricos es superior y más completo al trabajar la estabilidad espinal en los tres planos (sagital, frontal y transversal). Aunque los ejercicios multiarticulares requieren de una importante activación de la musculatura del tronco (Hamlyn, Behm y Young, 2007), la transferencia estable es insuficiente en el plano sagital. Muchas de las acciones deportivas incluyen movimientos en los planos frontal y transversal; por ejemplo, un futbolista que esprinta con balón y trata de driblar a la izquierda. Si la fortaleza lateral del Core no está bien desarrollada y compensada, la energía no es utilizada eficientemente y compromete la velocidad y la fuerza transferida al tronco, provocando posibles riesgos de lesión en la desviación de columna bajo tensión (McGill, 2010) y la posición valga de rodilla (Hewett y Myer, 2011). En resumen, cuando la fuerza del Core es insuficiente, los movimientos atléticos se vuelven ineficientes y producen un detrimento del rendimiento deportivo y un incremento del riesgo de lesión.

La planificación de ejercicios isométricos en los planes de entrenamiento paralelos al deporte practicado, supone un aumento de la musculatura del Core y ofrece la posibilidad de minimizar las cargas forzadas de columna (Axler y McGill, 1997; Cholewicki, McGill y Norman, 1991). Debido a esta baja carga espinal, los ejercicios descritos pueden realizarse casi diariamente durante el periodo de entrenamiento y competición. Los investigadores determinan que un entrenamiento de 15 a 45 minutos realizado en unión con un programa de fortalecimiento general, crea una estabilidad del Core necesaria para que el jugador pueda expresar su máximo rendimiento.

 

 

 

 

Ricardo Martín

Graduado Ciencias Actividad física y del deporte

Referencias Bibliográficas

Borghuis, A. J., Lemmink, K. A. y Hof, A. L. (2011). Core muscle response times and postural reactions in soccer players and non-players. Medicine & Science in Sports & Exercise, 43(1), 108-14.

Willson, J. D., Dougherty, C. P., Ireland, M. L., & Davis, I. M. (2005). Core stability and its relationship to lower extremity function and injury. Journal of the American Academy of Orthopaedic Surgeons13(5), 316-325.

Hibbs, A. E., Thompson, K. G., French, D., Wrigley, A., y Spears, I. (2008). Optimizing performance by improving core stability and core strength. Sports Medicine38(12), 995-1008.

Hewett, T. E., & Myer, G. D. (2011). The mechanistic connection between the trunk, knee, and anterior cruciate ligament injury. Exercise and sport sciences reviews39(4), 161.

Hewett, T. E., Ford, K. R., y Myer, G. D. (2006). Anterior cruciate ligament injuries in female athletes Part 2, A meta-analysis of neuromuscular interventions aimed at injury prevention. The American Journal of Sports Medicine34(3), 490-498.

Mjølsnes, R., Arnason, A., Raastad, T., y Bahr, R. (2004). A 10‐week randomized trial comparing eccentric vs. concentric hamstring strength training in well‐trained soccer players. Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports14(5), 311-317.

Olsen, O. E., Myklebust, G., Engebretsen, L., Holme, I., y Bahr, R. (2005). Exercises to prevent lower limb injuries in youth sports: cluster randomised controlled trial. Bmj330(7489), 449.

Soligard, T., Myklebust, G., Steffen, K., Holme, I., Silvers, H., Bizzini, M., … y Andersen, T. E. (2008). Comprehensive warm-up programme to prevent injuries in young female footballers: cluster randomised controlled trial. Bmj337, a2469.

Brito, J., Figueiredo, P., Fernandes, L., Seabra, A., Soares, J. M., Krustrup, P., y Rebelo, A. (2010). Isokinetic strength effects of FIFA’s” The 11+” injury prevention training programme. Isokinetics and Exercise Science18(4), 211-215.

Daneshjoo, A., Mokhtar, A. H., Rahnama, N., y Yusof, A. (2012). The effects of injury preventive warm-up programs on knee strength ratio in young male professional soccer players. PloS One7(12), e50979.

McGill, S. (2010). Core training: Evidence translating to better performance and injury prevention. Strength & Conditioning Journal, 32(3), 33-46.

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Moreside, J. M., Vera-Garcia, F. J., & McGill, S. M. (2007). Trunk muscle activation patterns, lumbar compressive forces, and spine stability when using the bodyblade. Physical Therapy, 87(2), 153-163.

Krismer, M., Haid, C., & Rabl, W. (1996). The contribution of anulus fibers to torque resistance. Spine21(22), 2551-2557.

Huang, W., Han, Z., Liu, J., Yu, L., & Yu, X. (2016). Risk factors for recurrent lumbar disc herniation: a systematic review and meta-analysis. Medicine, 95(2).

Fozzatti, C., Riccetto, C., Herrmann, V., Brancalion, M. F., Raimondi, M., Nascif, C. H., … & Palma, P. P. (2012). Prevalence study of stress urinary incontinence in women who perform high-impact exercises. International urogynecology journal23(12), 1687-1691.

Salvatore, S., Serati, M., Laterza, R., Uccella, S., Torella, M., & Bolis, P. F. (2009). The impact of urinary stress incontinence in young and middle-age women practising recreational sports activity: an epidemiological study. British journal of sports medicine43(14), 1115-1118.

Deeble M., French S., Thompson J., Andrews A., Briffa K. (2012). Should women with pelvic floor dysfunction do sit-ups? Australian and New Zealand Continence Journal, 19: ISSN 1448- 0131.

Barton, A., Serrao, C., Thompson, J., & Briffa, K. (2015). Transabdominal ultrasound to assess pelvic floor muscle performance during abdominal curl in exercising women. International urogynecology journal, 26(12), 1789-1795.

Muscolino, J. E. (2014). Kinesiology: the skeletal system and muscle function. Elsevier Health Sciences.

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Hamlyn, N., Behm, D. G., & Young, W. B. (2007). Trunk muscle activation during dynamic weight-training exercises and isometric instability activities. The Journal of Strength & Conditioning Research21(4), 1108-1112.

Axler, C. T., & McGill, S. M. (1997). Low back loads over a variety of abdominal exercises: searching for the safest abdominal challenge.

Cholewicki, J., McGill, S. M., & Norman, R. W. (1991). Lumbar spine loads during the lifting of extremely heavy weights. Medicine and science in sports and exercise23(10), 1179-1186.

Las manos del fisioterapeuta: su principal herramienta de trabajo

Las manos del fisioterapeuta: su principal herramienta de trabajo

 

 

Cuando alguien nos dice que es fisioterapeuta, inconscientemente dirigimos nuestra atención hacia sus manos y pensamos que tienen algo especial. Son la herramienta de trabajo más valiosa para esa persona. Pero, ¿para ser un buen fisioterapeuta hay que tener las manos de algún modo especial?, ¿cómo deberían ser las manos de un buen terapeuta manual?

 

No tiene mucha importancia su forma, lo importante es cómo se utilizan. Las manos de un buen fisioterapeuta deben ser expertas en recibir información a través de la palpación.

Desde las manos del fisioterapeuta se ha de transmitir el conocimiento que se posee de anatomía, patología, fisiología,… son otros ojos para el terapeuta, fundamentales para diagnosticar, valorar y tratar.

Con ellas recibimos mucha de la información que necesitamos saber para poder ayudar o curar a una persona.

Las manos reciben la información de la temperatura, elasticidad, textura, movilidad de los diferentes tejidos, órganos y estructuras que forman el cuerpo.

Es una de las formas de expresión del conocimiento científico del fisioterapeuta.

No solo son una herramienta de diagnóstico y tratamiento, también es con lo que nos comunicamos con el paciente aliviando el dolor con multitud de técnicas manuales.

 

Las manos tienen muchísimas terminaciones nerviosas, la punta de los dedos es una de las zonas con más terminaciones nerviosas del cuerpo humano, la principal fuente de información táctil. Tenemos unos 17.000 corpúsculos del tacto en cada mano, haciendo que reciban una valiosa información en la palpación y enviándola al cerebro para poder interpretarla.

 

Como dijo Aristóteles, “las manos son el instrumento de los instrumentos”. Sin ellas perderíamos la comunicación directa con el paciente, perdiendo mucha información que recibimos a través del tacto de las manos expertas del fisioterapeuta.

 

Por eso, es muy importante trabajar el sentido del tacto como recomienda el dr. Sutherland: “desarrollar dedos  con neuronas en las yemas, dedos capaces de sentir y de ver. Enseñar a los dedos a sentir, pensar y ver y después tocar”.

 

Por todos estos motivos son importantes las manos de un fisioterapeuta y que se entienda por qué son su mayor herramienta ya que sin ellas perdería todo su valor.

 

Marina I. Garrido

Fisioterapeuta

Colegiada nº : 5374

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EJERCICICIO Y GRASA LOCALIZADA (III Parte)

En las dos entregas anteriores se analizaron los diferentes artículos que apoyan o no la reducción de grasa localizada. La evidencia hasta la fecha es mucho mayor a que tal reducción no es posible y que la pérdida de tejido graso obedece a otros factores cuando se realiza ejercicio físico.

 

Imagen 1. Mayor evidencia sobre la imposibilidad de reducción de grasa localizada.

Uno de los mayores problemas que presenta la reducción de grasa localizada es la re-esterificación de la grasa al interior del adipocito. Hay que tener en cuenta que el adipocito (célula que almacena la grasa corporal) vacía su depósito graso en forma de glicerol y ácidos grasos cuando le llega una señal hormonal con el ejercicio y su posterior ejecución y cuando cesa esta señal y mediada por otras señales hormonales principalmente va a volver a completar sus depósitos. Gran parte de la grasa que vierte el adipocito a la sangre volverá a ser almacenada, ya que no se oxida en la fibra muscular.

Una de la soluciones puede ser intentar oxidar esa grasa circulante mediante el ejercicio que mayor consumo graso genera en términos porcentuales, el ejercicio cardiovascular moderado. Por lo tanto el ejercicio de fuerza que estimule la zona de forma específica puede “bombardear” mediante estímulos hormonales para producir lipólisis (extracción de la grasa de su célula portadora) y llevarla a la fibra muscular para ser oxidada en la beta-oxidación de ácidos grasos (proceso dentro de la fibra muscular donde la grasa produce energía mediante reacción química hasta llegar a dar como resultado CO2 y agua).

Si además de esto, se intenta alejar la zona localizada de la fibra muscular que va a utilizar tal grasa como combustible, se pondrán todos los elementos para evitar que se vuelva a introducir la grasa dentro del adipocito de nuevo. Un razonamiento fisiológico sencillo pero con una propuesta diferente sobre los estudios realizados hasta la fecha.

Con esta idea Scotto di Palumbo y col., (2007) realizaron un estudio sobre 17 mujeres sedentarias con ligero sobrepeso  y una edad media de 31 años. Estas quedan divididas en dos grupos experimentales que realizaran un programa de entrenamiento durante 12 semanas, con 3 sesiones por semana.

El primer grupo realizó un entrenamiento de tren superior de fuerza seguido de ejercicio cardiovascular y el segundo grupo, entrenamiento de fuerza del tren inferior seguido de ejercicio cardiovascular del tren superior.

 

Protocolo del estudio

El grupo 1 desarrollo 5 ejercicios en máquina (más controlables en su ejecución técnica) del tren superior a modo de circuito, realizando 2 circuitos con 3 series de 10 repeticiones en cada una de las estaciones, con una carga en torno al 60% de su repetición máxima y un descanso de 30” entre series. Una particularidad en la ejecución es que se debía realizar a la máxima velocidad posible, con objeto de incrementar la respuesta hormonal sobre la zona entrenada. Tras la realización de los 2 circuitos de ejercicio de fuerza, los sujetos realizaron 30 minutos de ejercicio cardiovascular en un cicloergómetro al 50% del consumo máximo de oxigeno. Esto es así porque la zona de mayor oxidación de grasa porcentual se produce en la zona fat max. que sitúa sobre el 40-60% del consumo máximo de oxigeno, es decir una intensidad moderada.

 

Imagen 2. Protocolo de entrenamiento del grupo 1.

 

El grupo 2 realizo el mismo protocolo pero 5 ejercicios diferentes del tren inferior y el ejercicio cardiovascular del tren superior, realizando este con un ergómetro manual.

 

Imagen 3. Protocolo de entrenamiento del grupo 2.

 

 

Resultados

Los resultados del estudio se muestran en la imagen 4. Las barras negras representan el grupo 1, que realizó el entrenamiento de fuerza del tren superior. Como se observa en  el porcentaje de cambio de la masa grasa,  la pérdida de grasa fue mucho mayor y significativa en la medición realizada en los brazos que en la realizada en las piernas. También se reflejó en el tronco, aunque en menor medida. Respecto al grupo 2, ocurre lo contrario, donde la reducción de grasa localizada es mucho mayor y significativa en las piernas con poca oxidación en la medición de los brazos. La grasa del tronco también se mostró menos afectada en el grupo que entrenó piernas. La pérdida de grasa total fue similar en ambos grupos.

 

Imagen 4. Resultados del estudio de Scotto di Palumbo

 

Conclusión

Este estudio ha mostrado como una modalidad de entrenamiento (el entrenamiento concurrente) realizado con un protocolo especifico para la pérdida de grasa localizada puede ser efectivo en controversia con los estudios anteriores sobre la temática. El buen diseño de este estudio, con un método preciso de medición como es el DXA (gold standar para la medición de la composición corporal)  y el enfoque fisiológico lo confirman como un estudio que puede iniciar una vía de investigación de interés sobre la reducción de grasa localizada. Surgen algunas dudas sobre cómo podría afectar este protocolo en hombres, mujeres con mayor tejido graso o en torno a la menopausia (alteraciones hormonales) o mujeres de edad avanzada. Estaremos a la espera de nuevas investigaciones sobre esta interesante temática.

 

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Ángel Rodrígues

Graduado Ciencias Actividad física y del deporte

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