EJERCICICIO Y GRASA LOCALIZADA (III Parte)

En las dos entregas anteriores se analizaron los diferentes artículos que apoyan o no la reducción de grasa localizada. La evidencia hasta la fecha es mucho mayor a que tal reducción no es posible y que la pérdida de tejido graso obedece a otros factores cuando se realiza ejercicio físico.

 

Imagen 1. Mayor evidencia sobre la imposibilidad de reducción de grasa localizada.

Uno de los mayores problemas que presenta la reducción de grasa localizada es la re-esterificación de la grasa al interior del adipocito. Hay que tener en cuenta que el adipocito (célula que almacena la grasa corporal) vacía su depósito graso en forma de glicerol y ácidos grasos cuando le llega una señal hormonal con el ejercicio y su posterior ejecución y cuando cesa esta señal y mediada por otras señales hormonales principalmente va a volver a completar sus depósitos. Gran parte de la grasa que vierte el adipocito a la sangre volverá a ser almacenada, ya que no se oxida en la fibra muscular.

Una de la soluciones puede ser intentar oxidar esa grasa circulante mediante el ejercicio que mayor consumo graso genera en términos porcentuales, el ejercicio cardiovascular moderado. Por lo tanto el ejercicio de fuerza que estimule la zona de forma específica puede “bombardear” mediante estímulos hormonales para producir lipólisis (extracción de la grasa de su célula portadora) y llevarla a la fibra muscular para ser oxidada en la beta-oxidación de ácidos grasos (proceso dentro de la fibra muscular donde la grasa produce energía mediante reacción química hasta llegar a dar como resultado CO2 y agua).

Si además de esto, se intenta alejar la zona localizada de la fibra muscular que va a utilizar tal grasa como combustible, se pondrán todos los elementos para evitar que se vuelva a introducir la grasa dentro del adipocito de nuevo. Un razonamiento fisiológico sencillo pero con una propuesta diferente sobre los estudios realizados hasta la fecha.

Con esta idea Scotto di Palumbo y col., (2007) realizaron un estudio sobre 17 mujeres sedentarias con ligero sobrepeso  y una edad media de 31 años. Estas quedan divididas en dos grupos experimentales que realizaran un programa de entrenamiento durante 12 semanas, con 3 sesiones por semana.

El primer grupo realizó un entrenamiento de tren superior de fuerza seguido de ejercicio cardiovascular y el segundo grupo, entrenamiento de fuerza del tren inferior seguido de ejercicio cardiovascular del tren superior.

 

Protocolo del estudio

El grupo 1 desarrollo 5 ejercicios en máquina (más controlables en su ejecución técnica) del tren superior a modo de circuito, realizando 2 circuitos con 3 series de 10 repeticiones en cada una de las estaciones, con una carga en torno al 60% de su repetición máxima y un descanso de 30” entre series. Una particularidad en la ejecución es que se debía realizar a la máxima velocidad posible, con objeto de incrementar la respuesta hormonal sobre la zona entrenada. Tras la realización de los 2 circuitos de ejercicio de fuerza, los sujetos realizaron 30 minutos de ejercicio cardiovascular en un cicloergómetro al 50% del consumo máximo de oxigeno. Esto es así porque la zona de mayor oxidación de grasa porcentual se produce en la zona fat max. que sitúa sobre el 40-60% del consumo máximo de oxigeno, es decir una intensidad moderada.

 

Imagen 2. Protocolo de entrenamiento del grupo 1.

 

El grupo 2 realizo el mismo protocolo pero 5 ejercicios diferentes del tren inferior y el ejercicio cardiovascular del tren superior, realizando este con un ergómetro manual.

 

Imagen 3. Protocolo de entrenamiento del grupo 2.

 

 

Resultados

Los resultados del estudio se muestran en la imagen 4. Las barras negras representan el grupo 1, que realizó el entrenamiento de fuerza del tren superior. Como se observa en  el porcentaje de cambio de la masa grasa,  la pérdida de grasa fue mucho mayor y significativa en la medición realizada en los brazos que en la realizada en las piernas. También se reflejó en el tronco, aunque en menor medida. Respecto al grupo 2, ocurre lo contrario, donde la reducción de grasa localizada es mucho mayor y significativa en las piernas con poca oxidación en la medición de los brazos. La grasa del tronco también se mostró menos afectada en el grupo que entrenó piernas. La pérdida de grasa total fue similar en ambos grupos.

 

Imagen 4. Resultados del estudio de Scotto di Palumbo

 

Conclusión

Este estudio ha mostrado como una modalidad de entrenamiento (el entrenamiento concurrente) realizado con un protocolo especifico para la pérdida de grasa localizada puede ser efectivo en controversia con los estudios anteriores sobre la temática. El buen diseño de este estudio, con un método preciso de medición como es el DXA (gold standar para la medición de la composición corporal)  y el enfoque fisiológico lo confirman como un estudio que puede iniciar una vía de investigación de interés sobre la reducción de grasa localizada. Surgen algunas dudas sobre cómo podría afectar este protocolo en hombres, mujeres con mayor tejido graso o en torno a la menopausia (alteraciones hormonales) o mujeres de edad avanzada. Estaremos a la espera de nuevas investigaciones sobre esta interesante temática.

 

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Ángel Rodrígues

Graduado Ciencias Actividad física y del deporte

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